Historia - Heilig Automatic Watches

Historia

Story Telling Heilig

Hace más de cuatros siglos, el emperador Carlos I decidió abandonar su tiempo retirándose a Yuste, (Cáceres, España) mientras dejaba que su hijo Felipe II se convirtiera en el rey más poderoso del mundo conocido hasta entonces. Entre robles y castaños, en el recogimiento y silencio del monasterio dominico, pasaba los días con una de sus aficiones favoritas: la relojería.

En esos mismos años, atraído por la fama y prestigio de Giovanni Torriani, Relojero de Corte de Carlos I, llegaba hasta Toledo desde la remota Sajonia, un joven aspirante a relojero llamado Nicholas Heilig. Nicholas aprendió con el maestro Torriani, quién además de matemático e ingeniero era un reconocido constructor de autómatas, y tras regresar a su Hannover natal, dio lugar a una larga y fructífera estirpe de relojeros que a finales del XVII, emigró a Philadelphia para instalarse en la que años después sería la cuna de la independencia estadounidense y ejemplo de cultura y tolerancia en el nuevo continente.

Allí encontramos al más célebre de sus descendientes: David Rittenhouse (1732-1796), el fabricante de instrumentos de relojería más reconocido de la Norteamérica del siglo XVIII, y cuyos modelos planetarios y observaciones astronómicas le aseguraron un lugar eminente en la historia de la ciencia americana.

La familia Heilig cuenta entre sus obras con un reloj musical fechado en el siglo XVIII, que a día de hoy, se encuentra todavía en funcionamiento, y que se encuentra entre las obras más preciadas por los coleccionistas de relojes, habiendo sido subastado hasta en dos ocasiones en el siglo XX.

Nombres como Turriani y Rittenhouse forman parte de la historia de Heilig, ellos fueron mucho más que relojeros, fueron hombres adelantados a su tiempo que supieron unir ciencia y arte, y convertir un ingenio de precisión y medida como el reloj, en un objeto evocador y lleno de romanticismo.

En el siglo XXI Heilig lleva hasta nuestros días la tradición de la mejor relojería europea, convirtiendo sus relojes automáticos en un ejemplo de artesanía y una pieza de estilo. Su cuidada maquinaria pone en las manos de los hombres y mujeres de hoy el movimiento perpetuo: un balanceo al caminar, un saludo, un abrazo… se transforma en la energía que pone en marcha esta pequeña maravilla de la técnica que se mueve gracias a la interacción con la persona que lo lleva, siendo al mismo tiempo un perfecto complemento de moda.